¿Tienes agenda? Seguramente sí. Quizá todavía en papel escribas qué quieres que venga mañana, la semana próxima o el mes que viene. Quizá la tuya esté en la nube, en algún servidor perdido a miles de kilómetros. Quizá simplemente en tu cabeza, con pequeños post-it mentales con los horarios de tu próxima sesión en el gimnasio, la lista de la compra o la próxima cita con tu nuevo amor.

Cuestión de organización, gestión del tiempo, remedio contra el olvido o simplemente una rutina que trajeron a nuestras vidas ya en primaria, cuando el tiempo simplemente no existía.

Sin embargo, ese orden de las pequeñas cosas que nos facilita nuestro día a día, lo hemos llevado demasiado lejos… porque de repente, casi sin darnos cuenta, comenzamos a utilizar esa herramienta para apuntar otro tipo de eventos futuros de mucho más calado: qué quiero ser de mayor, cuánto quiero cobrar, dónde quiero vivir, qué coche quiero comprar, cuántos años quiero vivir y con quién lo voy a hacer… 8521475_orig

¿Tienes también una agenda de las grandes cosas? Si la tienes, la utilizas con frecuencia y ya tienes unos cuantos años, te habrás dado cuenta de que sirve de bien poco. Porque como dice esa magnífica frase, “vivir es aquello que pasa mientras haces planes de tu vida”

Y entonces, después de unos cuantos tachones en tu agenda de las cosas importantes, decides tirarla a la basura y centrarte en lo que está ocurriendo. No seré yo quien diga que sea sencilla la cosa. Desde que tengo 6 años he llevado un almanaque vital en la mochila… seguramente tú también.

Es hora de librarte de aquello que esperas. Es el momento de no esperar la felicidad más allá de ahora mismo. Muy probablemente, por difícil que sea tu situación, esta nueva forma de gestión de tu tiempo, traiga aquello que quieres. Y si no es así, también estará bien.

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