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Una de las muchas cuestiones que me asaltan cuando buceo en esta nueva forma de gestión empresarial es el cómo “vender” la necesidad de que las empresas la adopten.

Su naturaleza voluntaria es inherente a su aplicación. Será difícil extenderla a todos los ámbitos de cualquier organización si desde arriba, no se apuesta firmemente por ello. Yo estoy convencido por naturaleza. Pero… ¿y aquellos que necesitan ser convencidos?

¿Por qué “comprar” y adoptar RSE?Imagen Entonces, rápidamente, caemos en los beneficios que trae consigo: diferenciarse a la competencia, llegar a un segmento nuevo de clientes, ahorrar costes, mejorar los procesos y la competitividad… sin duda son motivos suficientes, pero seguramente, tan solo sean argumentos amigables que intentan hacerse un sitio en este nuevo idioma que hablamos todos aquellos que respiramos una u otra forma de cultura organizativa (empresas con o sin ánimo de lucro, instituciones públicas o privadas, etc.)

Llegados a este punto, no podemos dejar de lado (más bien todo lo contrario), la perspectiva sociológica de la Responsabilidad Social Empresarial. Una de las premisas que la conforman es la de tener en cuenta a todos los stakeholders de la organización en la toma de decisiones. Sin embargo, en este punto, querría aportar un pequeño matiz a esta idea dándole un giro que me parece significativo. Formulémosla de otra forma: cualquier organización, en realidad, no tiene stakeholders, sino que son éstos últimos los que tienen a la organización, los que le dan vida.

Veámoslo de otra manera. La empresa no tiene clientes, son los clientes los que permiten que la empresa sea. La empresa, no tiene proveedores, son los proveedores los que nutren a la empresa. La empresa no tiene marca, el valor de la marca se lo confiere la sociedad en torno a ella. La empresa no tiene trabajadores, son los trabajadores los que deciden trabajar en esa empresa.

En definitiva, volvemos al primitivo y ya casi olvidado concepto de empresa:  “Una empresa es una organización y una institución social compuesta por un conjunto de individuos organizados de forma racional, con el fin de producir y distribuir bienes y servicios (que cubren una necesidad) dentro de una sociedad determinada en condiciones de máximo beneficio”.

Si entendemos que cualquier organización no solo forma parte, sino que en realidad es una pequeña pieza de las muchas que conforman nuestra sociedad, entenderemos también que si la sociedad evoluciona, la organización también tendrá que hacerlo. Este es, bajo mi punto de vista, uno de los importantes motivos que justifican considerar la RSE no como parte, sino como motor de cualquier empresa.

Porque la sociedad está cambiando continuamente, y actualmente, lo está haciendo fundamentalmente en clave de valores, ética y progreso, consciente de que es necesario un cambio que nos permita mejorarnos y ser sostenibles no solo para nuestras generaciones, sino para todas las que quedan por venir.

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