Con la irrupción de internet en primer lugar y de las redes sociales algo después, nuestro universo personal se ha ensanchado mucho más de lo que hubiéramos imaginado. 

Todo aquel que se haya embarcado en la tarea de intentar comprender la realidad más allá de sus pequeñas fronteras, seguramente se haya sentido perdido, mareado y finalmente desmayado ante semejante avalancha de acontecimientos, que, por otra parte, casi siempre nos llegan parcialmente sesgados según quien los cuente. 

Sobran opiniones sin fondo, filosofía populista y discursos que por repetidos, acaban convirtiéndose en verídicos. Faltan datos, cifras y hechos más allá de las palabras de los políticos que siempre terminan por estrangularlos para encajarlos su línea ideológica. 

Entre tanto, aquí marchamos. Intentando vivir, buscando instantes de felicidad… para, solo, de vez en cuando, echar un ojo más allá de nuestro bello ombligo con el objetivo de comprender el camino que hemos de seguir como colectividad.

Creo que somos muchos los que queremos ser partícipes de ese camino. Somos muchos los que queremos conocer para poder decidir. Pero el camino se ensancha tanto que en ocasiones uno no percibe ni siquiera los lados que lo limitan. 

Y las noticias siguen lloviendo. Muchas veces duelen, otras te intoxican, la mayoría cuentan lo mismo desde perspectivas diametralmente diferentes. 

Es entonces cuando uno recuerda esta frase: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”… y siento tranquilidad. 

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