Todo son palabras, amontonadas y alborotadas. Extenuadas por el golpear de las teclas y las voces que las hacen ser.

Todo son palabras, llenas de ecos que revolotean juguetones en una dirección y en la contraria, peleando por hablar un poco más alto, con algo más de verdad. Imagen

Todo son palabras cuando no hay nada que decir, cuando el ego se alarga hasta romperse, cuando la lengua se taladra en sus propios oídos. 

Todo son palabras cuando intentas buscarte más allá de ti mismo y olvidas el silencio que te reencuentra con tu alma. 

Todo son palabras convencidas de sí mismas, convencidas de su más absoluta realidad, sordas, obtusas, inflexibles, exquisitamente elaboradas sobre piezas de hielo patinando sobre corrientes que vienen y van. 

Todo son palabras, y ya no escuchas, solo las repites. No las cuestionas, solo las veneras esperando que asientan tus creencias, esas que siempre son las que son. 

Entre tanto, los años generan nuevos pensamientos, nuevas ideas, nuevos conceptos que acaban por convertirse en lenguas recién nacidas, justo en el momento en el que pensabas que tus palabras, eran perfectas. 

Palabras, palabras y luego palabras… y entre silencio y silencio, la vida pasó. 

 

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