No es cuestión de culpabilidad o no culpabilidad legal, moral o ética.

No es cuestión de PP, PSOE, IU, UPD o cualquier otra serie de letras amontonadas llenas de votos.

No es cuestión de poder, ni de corruptelas, ni de responsabilidades ajenas que siempre quedan lejos en el espacio o en el tiempo.

No es cuestión de unos míseros cuartos que guardar bajo el colchón para cuando sean todavía más mayores, ni de favores en el debe o en el haber, ni de amiguismos o compadreos.

Es cuestión de dignidad, integridad, responsabilidad, autocrítica, superación personal, transparencia, confianza, generosidad, bien común, fuerza y honor.

Es cuestión de olvidar por un momento el papel que están interpretando para volver a ponerse frente al espejo, desnudos y vacíos de cualquier pertenencia.

Es cuestión de recordar quiénes son, personas, tan solo eso… personas que representan a personas. Y a pesar de todas las debilidades que se nos presuponen, ellos optaron por fingir que nunca las tuvieron. Solo hay algo peor que mentir a todo un pueblo… mentirse a ellos mismos.

Sin embargo siguen actuando como personajes de cómic envueltos en historietas que han acabado creyendo. La lucha por el poder entre la familia de la gaviota, la familia de la rosa, los de la izquierda o el centro… mientras tanto, los lectores (que somos todos los españoles) ya no sabemos si reír o llorar… porque nuestros héroes (si es que algún día lo fueron), olvidaron a quiénes protegían.

Quizá queden algunos héroes en la sombra, esperando a que vuelva la luz… pero tendrán que caminar hacia ella. Tendrán que luchar por ella.

Sin embargo, detente un instante y mira. Porque donde realmente hay héroes, es a pie de calle… junto a ti, junto a mi. Personas anónimas que demuestran día a día cómo ser protagonistas de esta sucesión de imágenes, sonidos y letras que es la vida. Ellos son los que traen esperanza, confianza y fuerzas renovadas… ellos son los luchadores, los gladiadores que nos hacen mejores…

Mientras, allí arriba en el palco, los “héroes” protagonistas, se dan tortas entre ellos olvidando a su público, ya desencantado y hastiado ante tanto teatro y palabrería que casi nunca, llega a ninguna parte.

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