Creo que hemos llegado a un punto de asombrosa frialdad ante la cantidad de manos y guantes que entran en nuestros bolsillos últimamente. Tanto, que ni siquiera nos damos cuenta de ello…

Quiero hacer un ejercicio sencillo que seguramente no sea todo lo exacto que debería, pero que en todo caso, seguro es aclarador.

Sabemos que, por ejemplo, “el aeropuerto sin aviones de Castellón ha gastado 30 millones en publicidad”. Bien. Hasta ahí una de estas noticias que por habituales, a uno sólo le hacen sentir como mucho un pequeño escalofrío, quizá alguna nausea, aunque lo habitual sea irse inmediatamente a la sección de deportes , sociedad o a las necrológicas, lugares donde todo sigue cierta armonía y equilibrio (por extraño que parezca escucharlo, así es)

Pero por un instante, detengámonos en el aeropuerto y cojamos la calculadora. ¿Nos hemos parado a pensar cuántos puestos de trabajo hubieran supuesto esos 30 millones tirados a la basura? Y más todavía ¿cuánto le corresponderá pagar – en este caso – a cada valenciano? Aunque seguramente, ante esta última cuestión, quizá no todo se salde con una subida de impuestos, sino también (y sobre todo) con una pérdida de calidad de los servicios públicos (un ajuste presupuestario).

Sé que no es tan sencillo como coger 30 millones y dividirlo por el salario medio de un español  (más menos 22.501 € brutos)… No pero sí. Será una manera sesgada de utilizar una cifra, ok. Al menos en esto, vamos a hacerlo a su estilo (el de algunos que otros gestores políticos)

30.000.000 €/ 22.500 € = 1333 personas trabajando todo un año.

Sabemos que el coste total del aeropuerto ha rondado los 150.000.000 € que / 22.500 € = 6666 personas.

Por cierto… enla Comunidad Autónoma de Valencia viven unas 5.100.000 personas. A 30 € por barba. ¿No es mucho no? Empiecen a sumar.

Ahora, vayamos haciendo lo propio con las cifras que día sí, día también, nos golpean al abrir un periódico… ¿el resultado? Es posible que ninguno… quizá sigamos tan anestesiados como parecemos estar.

Hasta que no tengamos nada que perder… o nada en propiedad… o sujetos a deudas generacionales (casi casi “esclavitud” encubierta)… entonces, quizá, nos  entren ganas de ponernos de acuerdo para hacer algo, aunque simplemente sea manifestarnos (no sé yo si me habré excedido… quizá una manifestación sea demasiado)

 

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