En definitiva… ahí debemos llegar en cada una de nuestras decisiones. Nos enredamos en conversaciones superficiales en las que divagamos acerca de los flecos, restos o enredos de lo realmente esencial.

Aquí el problema no es el color, sino qué es lo que vas a pintar. No es la fragancia, sino a quién va a acompañar. No es la melodía, sino el argumento de la película que quiere ensalzar.

Sin embargo, solemos detenernos en el color, en la fragancia o en la melodía… y nos quedamos tan lejos de lo realmente importante…

Bonus, hipotecas, déficit, productividad, eficacia, deuda, bancos, impuestos… bien, pero… ¿alguien se ha parado a pensar si todos estos colores, fragancias o melodías son el problema? Porque quizá, no sean sino síntomas de que el sistema, lo que hay debajo, no está funcionando, no funciona.

Y no funciona pero no nos queda otra que participar de ello.  ¿Qué hacer si no? O me hipoteco, o alquilo, o vivo okupando, o bajo un puente. No hay más… porque tendremos que vivir, pero… ¿así? ¿Así es cómo queremos vivir?

Creo que estamos verdes de cojones, a pesar de todo lo que hayamos evolucionado… lo seguimos estando. Ni siquiera para probarnos, porque seguimos ácidos e impertinentes. Pero no siempre, porque hay brotes verdes… pero, son tan pocos.

Sigo pensando que la base que nos sostiene no es sólida. Tampoco sé muy bien cómo llamarla… ¿capitalismo? ¿liberalismo? ¿desarrollo exacerbado? Como nos lo quieran vender… busquen ustedes la palabra.

Está claro que no funciona… y no lo hace en tanto siguen muriendo, malviviendo, sufriendo, luchando por lo esencial… millones de personas. Hablo de personas. PER-SO-NAS. Como tú y como yo. Respecto a esta justificación (todo esto del hambre, los niños esclavizados, guerras, y el largo etcétera que va detrás), me preocupa que quien la lea ya se haya acostumbrado a hacerlo en demasiadas ocasiones, y por ello, la encuentre vacía de contenido.

Hemos llegado a un punto muy peligroso como gran “manada”. Ya no lo somos, ni siquiera sé si lo fuimos en alguna ocasión. ¿Hemos perdido la capacidad de sufrir por el dolor ajeno? Muchos animales, mantienen esa cualidad. Quizá por puro instinto de supervivencia, por muy egoísta que sea, pero ahí la tienen. ¿Y nosotros? Todo lo que sale de nuestras cuatro paredes, queda tan lejos…

Y esto va para aquellos o aquellas que lleguen aquí con motivaciones llenas de curiosidad… esto no tiene nada que ver con la anarquía o el desorden… es cuestión de sentido común. Y eso, amigos y amigas, es lo que solemos perder por el camino.

Medio kilo de sentido común, no más, es lo que necesitan aquellos que toman decisiones importantes. Importantes son aquellas que afectan a muchas personas. Hablo de los de siempre.

Eso sí, también del resto, y ahí vamos todos dentro del mismo paquete.

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