En tan sólo unas cuantas horas, abrirán los colegios electorales. Casi 36 millones de españoles estamos “llamados a las urnas” para votar, decidir, expresar nuestra voluntad respecto al camino que ha de seguir nuestra nación los próximos cuatro años.

Un gesto, un papel, una urna, quizá no más de 20 segundos, determinarán nuestro devenir hasta el 2016, si los mercados lo permiten, claro está. Pensado fríamente, da respeto … ¿o no?

No me digan que no es un dislate que  semejante decisión únicamente se pueda tomar cada cuatro años años, sin a penas capacidad de revocación, otorgando la libertad casi absoluta a determinados señores y señoras  para hacer en nuestro nombre, cuando cada vida es mucho más que un voto.

Atravesamos senderos demasiado angostos como para permitirnos dejar en manos de unos pocos el destino de tantos. Y si esta es la forma, no me queda otra opción que dudar de ella. Quizá sea la menos mala, quizá. Pero eso no justifica que sea la adecuada.

Mañana, en tan sólo unas horas, nos enfrentamos a una decisión crítica. Aceptamos el sistema tal y como está establecido, o manifestamos nuestra inconformidad.

Porque no será un día festivo en el que celebrar la democracia, nuestro derecho a elegir… sino que en realidad, muchos acudimos apesadumbrados y  algo acogotados  por la situación que nos va a tocar  torear los próximos años.

También convencidos, al menos así es mi caso, de que votemos a quien votemos, quienes nos gobiernan de hecho son los mercados… y si tienen dudas, tan sólo hojeen los periódicos.

Ahora, los mercados se “ponen nerviosos, desconfían, exigen medidas, recortes o eficiencia presupuestaria”. Ya ven. Hace tan sólo tres años, su ambición desmedida hizo que los estados se endeudaran para sacarlos a flote. Ahora, como no, obligan a los ciudadanos de muchos países a ajustarse el cinturón para asegurarles su supervivencia y continuo engorde.

Mañana, mucho me temo, que nada va a cambiar… porque no sé muy bien cómo, nos han convencido de que esta es la única manera en la que podemos sobrevivir, cuando no es así. Al contrario.

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