Porque, al final, después de probar mil maneras de vivir… creo que esta será una de las conclusiones más efectivas.

Muere Amy Winehouse a pesar de tenerlo todo – o eso creemos ver desde fuera -; un fundamentalista cristiano – no todos son musulmanes – decide acabar con la vida de 100 personas porque “es necesario”; regresa José Tomás a los ruedos – y a mí qué  -; el Banco de España interviene la CAM, la reflota, la venderá, desaparecerá la obra social, y un banco la adquirirá para lucrarse indecentemente;  2,5 millones de somalíes que han dejado sus hogares huyendo del hambre – esto ya no tiene nombre -; el Ministerio de Trabajo autoriza a Telefónica el Ere que afectará a 6.500 empleados – a pesar de incrementar beneficios -… y un largo, enredado y casi inacabable etcétera.

No hay nada como intentar estar informado de lo que nos cuentan que ocurre, para casi inmediatamente, querer dejar de estar informado de lo que nos cuentan que ocurre.

Porque al final, por mucho que haya grupos, personas o casualidades que quieran conducirnos hacia algún destino ya decidido, todo acaba siendo imprevisible e impredecible.

Si la vida es así, porque lo es, ¿qué sentido tiene preocuparse de lo que va a ocurrir en los próximos cinco minutos? … quién lo sabe. Nadie.

¿Entonces? Nada. En definitiva, se feliz. No hay otra. Se feliz ahora mismo. Y, ahora mismo, es ya, en este instante, en este preciso momento. Porque no hay más.

Y cuando uno entiende que no puede intentar anticipar nada. Todo fluye con más naturalidad, por malo que sea, por difícil que sea. Y no es conformismo, porque no podría estar más en desacuerdo.

Simplemente es ser ancho de miras. Ampliar el horizonte para aceptar lo que ves, lo que no ves, lo que imaginas  y amigo, amiga, lo que nunca imaginarías. Porque, todo puede ser.

Por lo tanto, se feliz. Eso, sí depende de tí.

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