Yo al menos, lo estoy. Y mucho. Quizá esto, como ya dijeron los más pesimistas, no vaya más allá. Es posible.

Quizá simplemente estén dejándolo estar, porque saben que el tiempo juega a su favor. Sin duda habrá que ver cómo se asienta toda esa fuerza que movió a tantos y tantos miles de personas a sentirse participes de algo que de repente, les hizo sentirse unidos. Nos hizo sentir un abrazo colectivo sin necesidad de estar abrazados.

Eso, podrán llamarlo como quieran. Bajo mi punto de vista, fue, y está siendo, algo sagrado.

Por ello, estoy orgulloso… como hacía tiempo no lo estaba de nosotros mismos.

Y  es por eso que creo que a pesar de todo lo que se consiga en adelante, ya ha merecido la pena. Sin duda. Porque ya sabemos que podemos despertar, que todavía recordamos cómo desperezarnos y salir de la cueva donde andamos metidos. Y, además, también aquellos hacia quienes se dirigen los gritos de indignación, también se han dado cuenta de que no siempre agachamos la cabeza.

Y ¿ahora qué? Confío en todos aquellos y aquellas que desde el 15 de Mayo están trabajando para que este momento histórico, sea el inicio de algo más. Está claro que, al margen de ideologías y maneras de hacer las cosas, hay acuerdo acerca de qué es lo que no se quiere. Creo que, de hecho, existe una posición común, casi innata en todos nosotros, que nos acerca en el terreno de aquello que no debe repetirse: energía atómica, combustibles fósiles, deforestación, hambre, terrorismo, corrupción…

Ahí es donde seguramente, haya que reunirnos. Porque es ahí donde casi nadie va a estar en desacuerdo… salvo aquellos que, claro está, se lucran con ese tipo de actividades.

Un fuerte abrazo a todos y todas.

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