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Llevo tiempo queriendo escribirlo, y es que me sigue pareciendo obvio cómo actuar a pesar de los convencionalismos y maneras establecidas.¿Sinceramente pensáis que la sociedad occidental tal y como la conocemos es sostenible a medio plazo? ¿Realmente creeis que no es necesario un cambio importante en nuestro estilo de vida para que el hambre, guerras, cambio climático, etc dejen de ser una realidad?

Me temo que a pesar de toda nuestra buena intención y mejores pensamientos, el pasar a la acción nos sigue resultando tarea casi imposible, porque al fin y al cabo, no confiamos en nosotros mismos. Sin embargo, tenemos motivos para hacerlo. Los recursos de este planeta unidos a los continuos avances científicos y tecnológicos que conocemos (y todos aquellos que las grandes empresas han conseguido ocultar) deberían ser suficientes para asegurar la equidad en su reparto.

Pero, como ya sabemos, el sistema de mercado, por el que sobrevivir tiene un precio, sigue siendo demoledor para dos tercios de la población mundial. Es obvio que no facilita la distribución de la riqueza sino que tiende a centralizarla en las manos de una minoría, y amig@, si estás leyendo esto, tú eres parte de esa minoría.

¿Y ahora qué? Tú frente a un sistema diseñado para establecer una división de clases absolutamente antinatural, desigual y con forma piramidal, donde una mayoría que sustenta la estructura, es la que de menos derechos y libertades disfruta. Y todos aquellos que habitamos en la parte media de esa pirámide (la llamada clase media), quizá seamos los que realmente podamos reestablecer el equilibrio. Pero tenemos miedo… miedo a perder nuestra casa, nuestro trabajo, nuestro dinero para disfrutar de esa televisión, cámara de fotos o movil nuevos, o ese flamante coche, o esa fabulosa cena en pareja o junto a los amigos. Así es cómo los que más tienen más continúan teniendo. Así es como los que nada tienen, nada seguirán teniendo.

El azar o la suerte de nacer en un país u otro, en el seno de una familia que te ofrezca posibilidades o ningún futuro, no deberían condicionar (como así ocurre) que una persona muera de hambre o todo lo contrario, por exceso de colesterol. Entonces, si gran parte de la solución pasa por nosotros, será responsabilidad de cada uno valorar si realmente puede dedicar algo de su tiempo para trabajar en ello, para iniciar un cambio necesario.

¿Estás dispuesto? ¿O tendremos que esperar a que el sistema se colapse, un gran desastre o la venida de un ser de otro planeta para darnos cuenta de lo torpes que hemos sido? Inevitablemente, quizá instintivamente, muchos perciban una especie de desazón, incomodidad o tristeza al observarse parte de una realidad en la que no acaban de encajar. ¿Crees que las cosas deberían cambiar pero te sientes solo y minúsculo ante ese reto?

Estoy firmemente convencido de que somos muchísimos esperando el pistoletazo de salida que nos señale el comienzo de una nueva etapa. Y aquí, uno de los puntos clave de esta modesta argumentación: somos muchos pequeños y solitarios, que de la mano, unidos, pueden convertirnos en una fuerza difícil de silenciar.

Es el tiempo de reveindicar lo justo más allá de cualquier frontera. Es el momento de plantarnos frente a lo supuestamente bueno e inevitable para comenzar a construir otro futuro. Un futuro donde todos nos consideremos hermanos sin excepción, donde nada se compre ni se venda porque ya sea nuestro, donde podamos trabajar sin más motivo que el de prestar un servicio común, donde nuestras prioridades dejen lo material para pasar a lo espiritual…  ¿Un mundo perfecto? No. Un mundo mejor. ¿Por qué no?

Ni por un instante pienses que no es posible. Sí crees en ello, puede hacerse. Creamos firmemente y actuemos sin fisuras en todas las decisiones que tomemos día a día.

Imaginad que lanzo una pequeña piedra en la inmensidad de un lago… la onda expansiva no causará a penas ninguna alteración. Pues bien. Ahora imagina que en lugar de uno somos cientos de miles. La onda de uno haría crecer la del otro, y así sucesivamente hasta crear aquella que desplace cada gota de agua para convertir lo que fue en algo completamente distinto.

No podemos continuar agarrándonos a excusas alimentadas por el miedo. Una de las cosas que se aprenden con el tiempo es que el miedo limita tu crecimiento, tu desarrollo como persona. Tengo miedo, entonces no me arriesgo, entonces no vivo plenamente.

Pensarás que es fácil escribir, y de hecho lo es. Sin embargo, sin pensamiento no hay acción… es un paso necesario. Y de una forma u otra, casi inevitablemente, una línea de ideas o creencias acaban materializándose frente a tus ojos. Todos nuestros logros individuales y colectivos han nacido de fuertes convicciones, de inalcanzables ideales que los hicieron posibles.

Así, día a día, pensamiento a pensamiento, nuestro hacer, nuestras decisiones, irán uniéndose a las de otros para conformar la onda que transforme nuestro lago, nuestros oceanos, nuestro planeta azul.

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