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Tras descubrir una vez más cómo nuestros queridos y siempre diligentes políticos piensan cual seres humanos y luego actúan como pedazos de carne deshumanizados (alguno se salvará de la quema), no le queda a uno sino preguntarse cómo confiar tan siquiera una pizca.

Mirando hacia un lado o hacia el otro (es indiferente) podemos encontrar mil ejemplos de manual. En esta ocasión, el Señor Arenas nos ha vuelto a revelar una de las principales y más necesarias habilidades de todo buen animal político: la hipocresía. Es decir, pienso esto o aquello del nuevo equipo de gobierno…es lo que realmente pienso… Pero oye, esto me lo quedo para mí (en este caso las cámaras han permitido que lo compartiera), que para el resto de mortales (votantes) mis palabras habrán de ser bien distintas.

Y ahí nos quedamos todos los demás. Patidifusos. Tristemente acostumbrados a estos profesionales del poder. Porque a base de darnos motivos continuados de desconfianza, han acabado por acostumbrarnos a pensar que es lo normal. Vaya, que son unos profesionales… y nosotros bastante borregos.

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