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No habrá una búsqueda que  nos lleve tanto tiempo      como la de conocer el ya  desgastado “para qué  estamos aquí” . No hace  mucho leí que esa, no era la  pregunta adecuada, o al  menos no la primera.  Proponían algo a priori más  sencillo de averiguar… ¿quién soy yo?

¿Tremendas preguntas eh? “Soy el que Soy” sin duda, es una de las respuestas más conocidas por el tamaño de quien la dio. Al fin y al cabo, más allá de su primer significado, hay que reconocer que iba bien encaminado. Somos lo que somos en el instante mismo en el que respondemos, porque no hay otra cosa que nuestro yo de ahora… el que fui no soy yo, y no sé nada del que seré.

Por cierto, no vayáis a pensar que pretendo con esta entrada aventajar a el más pequeño de los pensadores que han intentado ir respondiendo a estos grandes dilemas. Simplemente me apetecía escribir.

El caso es que si soy el que soy, dime tú quiénes son los demás. Los que son, claro. Caminando todos en un eterno presente que nos convierte prácticamente en animales (conozco a unos cuantos que casi pueden llamarse humanos) primitivos y primarios (yo, me, mi, conmigo). Perdonen, aquí está mi desalentadora visión del hombre como capaz de lo contrario a todas sus grandes bondades.

¿Que hay, hubo y habrá grandes personas conocidas y anónimas que luchan por hacer de este mundo algo mejor? Absolutamente de acuerdo. Pero amigos, hoy en día se nos apodera el trabajo por hacer. Si hay algo que me “tortura” es ser consciente de ello… muchos los somos… y acabamos diciendo eso de “¿y qué puedo hacer yo?”

“Ya´s tamos” con la dichosa frase. Conozco alguna respuesta: Piensa globalmente y actúa localmente, o lo que es lo mismo, cambiar el mundo es imposible, pero no tanto el más próximo a cada uno de nosotros. Según esta idea, sería necesaria una revolución interior de muchos millones de personas para comenzar a percibir una transformación real de nuestro presente. Pero (todo son peros) no me digan que la cosa pinta complicada. En cualquier caso, esta parece una de las maneras menos imposibles. Algún botón tendremos que encontrar para que en lugar de actuar a impulsos (baste recordar cualquiera de las grandes  catástrofes climáticas o acciones terroristas acaecidas no hace mucho para comprobar que somos capaces de reaccionar) comencemos a hacerlo de manera sostenida y constante.

Sin embargo, es curioso que , hayamos querido o no, a lo largo de estos dos últimos años, muchos contribuyentes (no somos pocos)  sí hemos hecho algo en común para mejorar la situación que nos ha tocado vivir, todos a una (a fuerza ahorcan): reflotar el sistema financiero con una módica aportación de los fondos públicos. ¿Habéis observado como cuando queremos, remamos todos en la misma dirección? Ahora este mundo, es sin duda mucho mejor. Hay que joderse.

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