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Porque a pesar de lo que quieran gritarse unos a otros con la originalidad, buen teatro y mejor chascarrillo, hay que decir que, por mucho que les pese, acaban encontrándose muchas más veces de las que ellos quieren o imaginan.  En más de una ocasión, por no decir todas, he pensado que no sé cuando, todos aprendieron a una un método encriptado para comunicarse, un medio alejado del que utilizamos el resto de los mortales cuando emprendemos una tarea común.

Me lo estoy imaginando…  prueben, prueben. Una reunión familiar, de vecinos, en su trabajo, con sus amigos o su parienta… persiguiendo un objetivo acordado en beneficio de todos… y qué mejor manera de conseguirlo que echarse en cara todas y cada una de las decisiones que cada uno de los miembros han tomado, todas equivocadas sí o sí… y además, descabelladas, irresponsables, absurdas… esta es la manera de solucionar problemas, claro que sí.

Porque en lugar de considerarse representantes de los ciudadanos que han de conseguir acuerdos (en común) para seguir el rumbo más adecuado  (o el menos malo)  deben de creer firmemente que todos poseen la verdad absoluta, por tanto para qué trabajar en equipo si ninguno sabe realmente, salvo yo, mi partido (que por cierto, no es suyo), qué dirección tomar. Conclusión: la única forma de hacer las cosas bien es gobernar en solitario o coalición…. nunca como oposición.  Por cierto, que daño a hecho la palabra “oposición”, cuando habría de ser la contraria.

Bajo mi punto de vista, al margen de la ideología más a un lado u otro (evitando los extremos), los ciudadanos compartimos preocupaciones similares… trabajo, vivienda, seguridad, educación, sanidad, servicios sociales, etc… sin embargo, las posturas de los distintos partidos al respecto de todos estos temas, ¿realmente son tan distantes? Porque al final, muchos votos acaban dirigidos por pequeños matices que no son tan trascendentales: poner o no un crucifijo en las aulas, ser o no monárquico, los nacionalismos (este tema merece otra entrada aparte, pero sí, creo que es irrelevante como objetivo político y social), la proximidad o lejanía a la Iglesia, si lo llamamos matrimonio o utilizamos otra palabra…

Porque en lo fundamental, en lo realmente importante, ¿acaso no existe un acuerdo generalizado entre las personas de a pie? Bien es cierto que podremos discrepar en cómo mejorar la educación, la sanidad, los servicios sociales, el empleo… pero sin duda son objetivos que todos consideramos imprescindible alcanzar y potenciar. ¿No deberíamos centrarnos en lo que nos une en lugar de en lo que nos distancia?  ¿No deberían hacer lo propio los partidos políticos?

O parafraseando a Bertrand Russell y Albert Einstein allá en 1955 con este extraordinario llamamiento a los habitantes del mundo, en el que les pedían que “dejaran de lado” el furor que les inspiraban muchos temas – no trascendentales – y se considerasen “meros miembros  de una especie biológica que ha tenido una historia extraordinaria y cuya desaparición ninguno podemos desear”

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