He aquí el entuerto que más que tuerto casi ha perdido la visión.  No hace mucho leí El Poder del Ahora de TOLLE, ECKHART, un tipo que según sus palabras, amaneció de la noche a la mañana habiendo dado la vuelta a su conciencia tal y como se hace con un calcetín. Así, sin más.

Reconozco que no sólo me ha sorprendido sino que me llevo conmigo y mi mente occidentalizada un buen saco de ideas que intentar dar vida. El autor lo consiguió con unas cuantas horas de sueño… soy de la opinión que al resto de los mortales nos llevará algo más de tiempo.

Me he guardado la aniquilación del tiempo que propone, no hay pasado, tampoco futuro, únicamente distintos ahoras que fueron o serán… y así, instalado en el instante en el que escribo, o en el que estás leyendo, ¿qué tipo de problema tienes?

También el aquello de fustigarnos por todo lo que queremos para nosotros en un futuro, o como bien escribe, el esperar a ser felices. Parte de razón tiene, que esto de esperar no va con nuestra manera de ser salvo cuando hablamos de un nuevo coche, una nueva pareja, una promoción laboral, una mejora de esto, también de lo otro y por qué no de lo de más allá… es entonces cuando nos desvivimos esperando esa felicidad, que buscamos ¿dónde?

He aquí el entuerto que más que tuerto casi ha perdido la visión. Fuera, siempre buscando más allá de nosotros mismos. Aunque para ello, tengamos que hacer un difícil ejercicio de estrangulamiento de nuestro cuello para poder mirarnos el ombligo.

Y es que, bien pensando, o todo lo contrario, ¿por qué cuelga una etiqueta de  todo lo que aporta felicidad? Bueno… la sonrisa de un niño no tiene precio… sí sí… pero para “todo lo demás…” ya se sabe.

No deja de ser divertido vernos trotar, desbocados, muchas veces asustados, por caminos tortuosos… y es entonces cuando nos miramos unos a otros y nos guiñamos el ojo sabiendo que todos estamos en esto. A trotar compañer@s.

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