El valor de lo inesperado

¿Tienes agenda? Seguramente sí. Quizá todavía en papel escribas qué quieres que venga mañana, la semana próxima o el mes que viene. Quizá la tuya esté en la nube, en algún servidor perdido a miles de kilómetros. Quizá simplemente en tu cabeza, con pequeños post-it mentales con los horarios de tu próxima sesión en el gimnasio, la lista de la compra o la próxima cita con tu nuevo amor.

Cuestión de organización, gestión del tiempo, remedio contra el olvido o simplemente una rutina que trajeron a nuestras vidas ya en primaria, cuando el tiempo simplemente no existía.

Sin embargo, ese orden de las pequeñas cosas que nos facilita nuestro día a día, lo hemos llevado demasiado lejos… porque de repente, casi sin darnos cuenta, comenzamos a utilizar esa herramienta para apuntar otro tipo de eventos futuros de mucho más calado: qué quiero ser de mayor, cuánto quiero cobrar, dónde quiero vivir, qué coche quiero comprar, cuántos años quiero vivir y con quién lo voy a hacer… 8521475_orig

¿Tienes también una agenda de las grandes cosas? Si la tienes, la utilizas con frecuencia y ya tienes unos cuantos años, te habrás dado cuenta de que sirve de bien poco. Porque como dice esa magnífica frase, “vivir es aquello que pasa mientras haces planes de tu vida”

Y entonces, después de unos cuantos tachones en tu agenda de las cosas importantes, decides tirarla a la basura y centrarte en lo que está ocurriendo. No seré yo quien diga que sea sencilla la cosa. Desde que tengo 6 años he llevado un almanaque vital en la mochila… seguramente tú también.

Es hora de librarte de aquello que esperas. Es el momento de no esperar la felicidad más allá de ahora mismo. Muy probablemente, por difícil que sea tu situación, esta nueva forma de gestión de tu tiempo, traiga aquello que quieres. Y si no es así, también estará bien.

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¿Por qué “comprar” la RSE?

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Una de las muchas cuestiones que me asaltan cuando buceo en esta nueva forma de gestión empresarial es el cómo “vender” la necesidad de que las empresas la adopten.

Su naturaleza voluntaria es inherente a su aplicación. Será difícil extenderla a todos los ámbitos de cualquier organización si desde arriba, no se apuesta firmemente por ello. Yo estoy convencido por naturaleza. Pero… ¿y aquellos que necesitan ser convencidos?

¿Por qué “comprar” y adoptar RSE?Imagen Entonces, rápidamente, caemos en los beneficios que trae consigo: diferenciarse a la competencia, llegar a un segmento nuevo de clientes, ahorrar costes, mejorar los procesos y la competitividad… sin duda son motivos suficientes, pero seguramente, tan solo sean argumentos amigables que intentan hacerse un sitio en este nuevo idioma que hablamos todos aquellos que respiramos una u otra forma de cultura organizativa (empresas con o sin ánimo de lucro, instituciones públicas o privadas, etc.)

Llegados a este punto, no podemos dejar de lado (más bien todo lo contrario), la perspectiva sociológica de la Responsabilidad Social Empresarial. Una de las premisas que la conforman es la de tener en cuenta a todos los stakeholders de la organización en la toma de decisiones. Sin embargo, en este punto, querría aportar un pequeño matiz a esta idea dándole un giro que me parece significativo. Formulémosla de otra forma: cualquier organización, en realidad, no tiene stakeholders, sino que son éstos últimos los que tienen a la organización, los que le dan vida.

Veámoslo de otra manera. La empresa no tiene clientes, son los clientes los que permiten que la empresa sea. La empresa, no tiene proveedores, son los proveedores los que nutren a la empresa. La empresa no tiene marca, el valor de la marca se lo confiere la sociedad en torno a ella. La empresa no tiene trabajadores, son los trabajadores los que deciden trabajar en esa empresa.

En definitiva, volvemos al primitivo y ya casi olvidado concepto de empresa:  “Una empresa es una organización y una institución social compuesta por un conjunto de individuos organizados de forma racional, con el fin de producir y distribuir bienes y servicios (que cubren una necesidad) dentro de una sociedad determinada en condiciones de máximo beneficio”.

Si entendemos que cualquier organización no solo forma parte, sino que en realidad es una pequeña pieza de las muchas que conforman nuestra sociedad, entenderemos también que si la sociedad evoluciona, la organización también tendrá que hacerlo. Este es, bajo mi punto de vista, uno de los importantes motivos que justifican considerar la RSE no como parte, sino como motor de cualquier empresa.

Porque la sociedad está cambiando continuamente, y actualmente, lo está haciendo fundamentalmente en clave de valores, ética y progreso, consciente de que es necesario un cambio que nos permita mejorarnos y ser sostenibles no solo para nuestras generaciones, sino para todas las que quedan por venir.

Comprimiendo la vida en noticias

Con la irrupción de internet en primer lugar y de las redes sociales algo después, nuestro universo personal se ha ensanchado mucho más de lo que hubiéramos imaginado. 

Todo aquel que se haya embarcado en la tarea de intentar comprender la realidad más allá de sus pequeñas fronteras, seguramente se haya sentido perdido, mareado y finalmente desmayado ante semejante avalancha de acontecimientos, que, por otra parte, casi siempre nos llegan parcialmente sesgados según quien los cuente. 

Sobran opiniones sin fondo, filosofía populista y discursos que por repetidos, acaban convirtiéndose en verídicos. Faltan datos, cifras y hechos más allá de las palabras de los políticos que siempre terminan por estrangularlos para encajarlos su línea ideológica. 

Entre tanto, aquí marchamos. Intentando vivir, buscando instantes de felicidad… para, solo, de vez en cuando, echar un ojo más allá de nuestro bello ombligo con el objetivo de comprender el camino que hemos de seguir como colectividad.

Creo que somos muchos los que queremos ser partícipes de ese camino. Somos muchos los que queremos conocer para poder decidir. Pero el camino se ensancha tanto que en ocasiones uno no percibe ni siquiera los lados que lo limitan. 

Y las noticias siguen lloviendo. Muchas veces duelen, otras te intoxican, la mayoría cuentan lo mismo desde perspectivas diametralmente diferentes. 

Es entonces cuando uno recuerda esta frase: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”… y siento tranquilidad. 

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Palabras.

Todo son palabras, amontonadas y alborotadas. Extenuadas por el golpear de las teclas y las voces que las hacen ser.

Todo son palabras, llenas de ecos que revolotean juguetones en una dirección y en la contraria, peleando por hablar un poco más alto, con algo más de verdad. Imagen

Todo son palabras cuando no hay nada que decir, cuando el ego se alarga hasta romperse, cuando la lengua se taladra en sus propios oídos. 

Todo son palabras cuando intentas buscarte más allá de ti mismo y olvidas el silencio que te reencuentra con tu alma. 

Todo son palabras convencidas de sí mismas, convencidas de su más absoluta realidad, sordas, obtusas, inflexibles, exquisitamente elaboradas sobre piezas de hielo patinando sobre corrientes que vienen y van. 

Todo son palabras, y ya no escuchas, solo las repites. No las cuestionas, solo las veneras esperando que asientan tus creencias, esas que siempre son las que son. 

Entre tanto, los años generan nuevos pensamientos, nuevas ideas, nuevos conceptos que acaban por convertirse en lenguas recién nacidas, justo en el momento en el que pensabas que tus palabras, eran perfectas. 

Palabras, palabras y luego palabras… y entre silencio y silencio, la vida pasó. 

 

Minientrada

Un golpe seco, vacío de todo.

sin corazon

Sonó un golpe seco, vacío de todo, y se coló en lo más profundo de su ser.

Arrastró cada uno de sus pasos, desesperados por avanzar

hacia un pequeño hueco lleno de luz.

Asomó su vista al cielo, embarrotada de cárcel y asfixia, sorprendida por seguir viva.

¿Qué te ha regalado la vida? ¿Vivir sin nada? Ni siquiera…

Viniste asomada al dolor, acompañada de un tic tac metálico,

vestida de sueños inacabados y manos desnudas de calor.

Las niñas aprendían a elegir sabores, colores, vestidos y muñecas…

Tú corrías la calle, despojada de bolsillos, solitaria de cariño,

y de vuelta a casa…no te llaman, no te esperan .

Y ahora aquí, ya no hay nada, porque nada hubo.

Cómo no sentir rabia… el mundo siempre estuvo contra ti.

¿Cuántos besos perdiste por el camino?

Las manos de tus padres, olvidaron dibujar una caricia…

pero aprendieron: garabatos enrojecidos estallando sobre tu cara.

Cómo no sentirse traicionada…el mundo parecía reírse de ti.

Ya no entiendes ni quieres entender.

¿Para qué? Nunca nada tuvo sentido.

Libres, ¿libres? Seamos agua.

ImagenPreguntemos qué es libertad (bien o mal entendida) a cualquier persona, y su concepto definirá cosas diferentes.

Para los miembros de una familia inmersa en el paro, la libertad tendrá que ver con trabajar. Sin trabajo no hay dinero, sin dinero uno no se siente libre, o al menos, está claramente limitado para acercarse a aquello que desea.

Para aquellos que por cualquier motivo, se sienten impedidos física o psicológicamente, libertad será romper las cadenas que le atrapan a un mundo que consideran peligroso, pequeño o inalcanzable.

En ocasiones, el trabajo, las obligaciones, la rapidez que se exige a nuestros pasos por llegar algo más lejos, el consumo exponencial, las necesidades huecas que no lo son, las expectativas por encima de lo alcanzable, son pequeñas celdas que han vestido llenas de luz. Un patio de flores perfumadas tapiado por los cuatro lados. Estás dentro, como el resto, recogiendo los frutos por los que nos enseñaron a luchar, pero dentro, al fin y al cabo… ¿qué hay afuera? Pocos se atreven a saltar esos muros.

Pero, ¿y si no hay muros?, ¿y si los levantamos nosotros? Quizá nunca hayan existido.

¿Has sentido alguna vez cómo todo lo que te rodea (trabajo, no trabajo, familia, amistades, ilusiones, etc.) se acerca hacia ti, por los cuatro costados? Entonces, abres los brazos en cruz, y empujas, empujas… pero solo puedes hacerlo en una dirección.

Entonces “be water my friend”…. hasta hace no mucho, no entendí realmente esa frase.

El agua es, existe, está… no hay duda de ello. Pero… ¿cómo está? ¿cómo se comporta en el medio? ¿cómo se relaciona con su entorno?

El agua se abraza a todo lo que se encuentra en su camino, lo vive, lo experimenta, no lo rehuye… pero no se enreda, no se detiene, no mira atrás, pero tampoco hacia adelante.

El agua te acaricia, te sabe querer, te sabe olvidar, se puede atrapar pero no eternamente, porque sabe transformarse en lo que realmente es… y es todo. Y cuando te sientes parte de todo, entiendes que no hay nada bueno o malo, simplemente es… porque ni lo aceptas ni lo rechazas, ni luchas ni te rindes… simplemente fluyes y lo dejas fluir.

El agua es libre, siempre, a pesar de todo. A nosotros nos han enseñado a ser piedras con patas.

Hijo (empresario), hija (empresaria), haz las cosas bien¡¡

rseRevisando las últimas tendencias en la gestión empresarial en sus distintas áreas (recursos humanos, procesos, marketing, estrategia, etc.), modelos que actualmente se consideran novedosos y rompedores, resulta que simplemente son buenas maneras de hacer.

Me explico. Hablemos por ejemplo del mayor activo de toda empresa, los trabajadores. No hace tanto, se comenzó a escuchar esta idea, que en algunos casos incluso ha acabado recogida en su balance de forma indirecta. Muchos directivos han entendido que empleados/as felices conllevan innumerables beneficios que repercuten directamente en la cuenta de resultados: reducción del número de bajas y del absentismo, optimización del tiempo de trabajo,   potenciación de ideas innovadoras, disminución de conflictos, etc.

Es decir… considerar a nuestros trabajadores como personas, en mayúsculas, es bueno para la empresa. Me recuerda a una frase que seguro muchas mamas y papas dicen día sí , día también a sus pequeños: “hijo, hija, haz las cosas bien”.

Cambio de área. Vayamos por ejemplo al área de distribución y logística. ¿Cuál es la máxima hoy en día? Reducción de stocks con el objetivo de que la demanda tire de la producción y no viceversa. Bien. Veámoslo desde esta perspectiva ético – moral de la gestión empresarial.

Reducir stocks, implica una aprovechamiento de espacio de almacenamiento, por tanto, evita la construcción de nuevas infraestructuras, reduce sobrestocks que en algunos casos acaban sin comercializarse… según los teóricos, estamos optimizando recursos. Según un planteamiento ético, seguimos un comportamiento sostenible con nuestro medio ambiente… “hijo, hija, haz las cosas bien”.

¿Sabíais que ya hay empresas que siendo de distinto sector, comparten medios de transporte para la distribución de sus productos con el objetivo de optimizar los envíos?  “Galletas golosas” (ficticio), debe suministrar a uno de sus almacenes logísticos un pedido que solo ocupa medio camión. El directivo toma la decisión de optimizar el envío hablando con otra empresa que también provee a ese almacén para completar la carga y distribuir costes”. ¿Pero de qué estamos hablando en realidad? ¡ De economía colaborativa ! “hijo, hija, haz las cosas bien”.

Si hablamos de marketing y comunicación… son muchas las que apuestan por contar qué y cómo lo hacen a través de memorias de actividades, financiera, de RSC, medioambiental… parece que los clientes valoran esta transparencia, mucho más otros posibles inversores. Philip Kotler, gurú del markenting, dio un giro no hace mucho tiempo… las empresas tienen que pensar en sus clientes, satisfacer sus necesidades… ya sabéis, “hijo, hija, haz las cosas bien”.

Bajo mi punto de vista la empresa está cambiando ligeramente el rumbo… y ¿nosotros? ¿los clientes? ¿Consumimos responsablemente? Hagamos las cosas bien, porque en definitiva, aún conservamos una pequeña cuota de poder y capacidad de elección para discriminar qué empresas merecen de nuestro cada vez recurso más limitado, el dinero.

Ellos saben mirar de otra manera…

gr-28-2-2012-180514euria2¡Hola! ¿Cómo te va todo? Bien, regular, mal, muy mal… muy muy mal… quizá genial. Somos una especie interesante, sin duda. Impredecible, particular, imperfectamente perfecta.

Sigo aprendiendo de aquellos que a mi lado, saben mirar de otra manera, transformando lo que nos rodea en algo distinto. No hay nada como intentar ponerte tras los ojos de esas personas, o mejor dicho, utilizar por un momento el filtro que utilizan para interpretar la realidad.

Mi realidad, tu realidad, su realidad… no hay una igual. Ni una. Por eso, quizá, nos cueste tanto entendernos. No somos capaces de entender que lo que para mí es bueno, para otro no lo es; lo que para mí es dolor, para ti es llevadero; lo que para mí es estresante, para ti es divertido; lo que para mí es necesario, para ti es prescindible…

Y así es como ocurre en casi todas las grandes discusiones y conflictos, enfados monumentales, pequeñas o grandes guerras, dialécticas y armadas, enamoradas o desdichadas.

Porque nunca nos enseñaron a ponernos tras los ojos de esas personas que saben ver más allá de sí mismos. Que saben entender lo incomprensible.  Que perdonan cuando muchos solo aspiran a la venganza. Que aceptan la realidad tal y como viene sin dejar de perseguir un objetivo. Que nos traen paz sin tan siquiera hablar. Que saben ponerse bajo el sombrero de cualquiera, porque nunca quisieron un sombrero. Que saben que, a pesar de las apariencias, todos somos uno. Que cada vez que escuchan, vacían el vaso de prejuicios y experiencias. Que saben sonreír cuando para ti lo más sencillo sería llorar.

¿Has tenido la oportunidad de conocer alguien así? Haberlos, haylos.